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Pierre Bourdieu, sociólogo francés: “El gusto es ante todo el disgusto, hecho de la intolerancia visceral o del horror por el gusto de los demás”

Pierre Bourdieu, sociólogo francés: “El gusto es ante todo el disgusto, hecho de la intolerancia visceral o del horror por el gusto de los demás”


Pierre Bourdieu, sociólogo francés: “El gusto es ante todo el disgusto, hecho de la intolerancia visceral o del horror por el gusto de los demás”

¿Por qué nos genera rechazo la música que escucha nuestro vecino? ¿Qué fibra íntima se toca cuando catalogamos una prenda de vestir como “grasa”, “cheta”, “ordinaria” o “elegante”? Solemos pensar que nuestros placeres más individuales —la película que elegimos un domingo a la noche, el restaurante que visitamos o el cuadro que nos conmueve en un museo— son el resultado de una sensibilidad única, un destello libre de nuestra alma. Sin embargo, Pierre Bourdieu opina lo contrario.

Este sociólogo francés pateó el tablero de la estética tradicional al demostrar que el gusto no une a las personas por puro amor al arte, sino que nace para marcar una distancia violenta y visceral frente a los otros. La distinción: criterios y bases sociales del gusto (1979) es el título del libro donde se despliega esta verdad incómoda. Considerado uno de los diez libros de sociología más importantes del siglo XX, explora un monumental mapa empírico que desarma la ilusión del “buen gusto” universal.

“El gusto es ante todo el disgusto, hecho de la intolerancia visceral o del horror por el gusto de los demás”, escribió Bourdieu. La frase funciona como la llave maestra para ingresar a su universo teórico. En su pensamiento, las clases altas no consumen ópera, literatura vanguardista o comida minimalista porque tengan un don natural o un espíritu más refinado. Lo hacen porque han sido educadas en un entorno con los recursos temporales y económicos necesarios para descifrar esos códigos complejos.

Pero el juego no se completa solo con disfrutar de lo propio; el estatus social se consolida mediante el rechazo activo hacia lo popular. El gusto burgués, explica el autor, se define por oposición: es el horror ante lo inmediato, ante lo puramente útil o comercial, ante lo que consume la masa. El refinamiento es, en el fondo, una estrategia de demarcación para trazar una frontera invisible pero implacable entre “ellos” y “nosotros”. Esta idea sintetiza a la perfección el núcleo del pensamiento de su autor.

Portada del libro La distinción de Pierre Bourdieu con un fondo azul y un recuadro blanco que contiene el título en caligrafía.
«La distinción» de Pierre Bourdieu

Para Pierre Bourdieu, el mundo social está dividido en “campos” (el arte, la política, la academia) donde los individuos compiten utilizando distintos tipos de “capital”. El más sutil de todos es el capital cultural: los modales, los títulos escolares y los hábitos estéticos que se heredan en el hogar. A través de un concepto clave llamado habitus —las estructuras sociales que incorporamos en nuestro propio cuerpo y mente desde la infancia—, nuestras preferencias se vuelven automáticas.

Creemos que elegimos con total libertad, pero en realidad es nuestro habitus el que rechaza de forma casi biológica lo que no pertenece a nuestra posición social. Esto da lugar a la violencia simbólica: una dominación perfecta donde los oprimidos aceptan su exclusión cultural porque se les ha convencido de que simplemente “no les da el cuero” o “no tienen la sensibilidad” para entender el arte de élite. El contexto en el que se gestó La distinción está marcado por la Francia de los años sesenta y setenta.

En esa época de aparente democratización educativa y promesas de movilidad social de posguerra, Bourdieu, quien provenía de una familia humilde del interior de Francia y logró escalar hasta la cima del prestigioso Collège de France, conocía de primera mano la sutil hostilidad de los círculos ilustrados de París. Utilizando encuestas masivas, entrevistas y estadísticas minuciosas sobre los consumos de la población de la época, el sociólogo demostró que el sistema escolar y el mercado cultural no eran neutrales.

Esas instituciones, explica, funcionaban como aduanas silenciosas destinadas a que los hijos de los privilegiados mantuvieran sus privilegios disfrazándolos de “mérito académico” o “talento natural”. En ese sentido, la vigencia de La distinción es notable. Hoy, cuando algoritmos de plataformas como Spotify, Netflix o TikTok se dedican precisamente a clasificar nuestros gustos para encerrarnos en burbujas de consumo estético, vale la pena volver a preguntarnos por qué nos gusta lo que nos gusta.

Pierre Bourdieu
Pierre Bourdieu nació el 1 de agosto de 1930 en Denguin, un pequeño pueblo campesino del suroeste de Francia (Crédito: Wikipedia)

Las discusiones feroces en redes sociales en torno a qué es la “alta cultura”, la gentrificación de los barrios populares o el desprecio hacia ciertas expresiones musicales masivas demuestran que seguimos atrapados en la misma dinámica, aquella que Bourdieu señaló, casi en soledad, con gran lucidez. Detrás del aparente aire inocente de nuestras elecciones diarias, la intolerancia hacia el gusto del vecino sigue siendo la trinchera oculta de una interminable disputa social.

Pierre Bourdieu nació el 1 de agosto de 1930 en Denguin, un pequeño pueblo campesino del suroeste de Francia. Hijo de un empleado de correos de origen humilde, su brillante desempeño académico le permitió romper barreras sociales e ingresar a la prestigiosa École Normale Supérieure de París, donde se formó en filosofía. Su carrera dio un vuelco definitivo a fines de los años cincuenta cuando fue enviado a Argelia para cumplir el servicio militar, donde realizó varias investigaciones de campo.

Fueron esos rastreos los que despertaron su profunda vocación sociológica y etnográfica. A su regreso a Francia, consolidó una trayectoria institucional deslumbrante: se convirtió en director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) y, en 1981, fue consagrado con la cátedra de Sociología en el prestigioso Collège de France, el máximo escalafón de la academia francesa. Tuvo cuatro décadas de producción intelectual infatigable.

Entre los que escribió destacan Los herederos (1964), La reproducción (1970) y su obra cumbre, La distinción (1979). Durante los años noventa, adoptó un perfil público fuertemente militante, convirtiéndose en un referente intelectual global de las protestas sociales contra el avance del neoliberalismo, posturas que plasmó en sus combativos textos de Contrafuegos (1998). El célebre pensador falleció a causa de un cáncer de pulmón el 23 de enero de 2002 en París, a los 71 años.





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