Madrid, 4 oct (EFE).- «Se puede ser de derechas y ser ecologista», afirman los autores de ‘El ecologista de derechas’ (editorial Deusto), un libro que «ocupa un espacio y un discurso que estaba vacío en España», al tiempo que busca desmontar la «unión umbilical casi existencial» entre el movimiento ecologista y la izquierda.
En opinión de sus autores, Toni Timoner y Luis Quiroga, escribir este libro era «muy conveniente» para que el debate sobre el medioambiente estuviera «un poco más centrado» y sin un «sesgo ideológico más a la izquierda».
«Queríamos compensarlo con ideas que tienen unas credenciales totalmente ecologistas, incardinadas dentro de una doctrina más libre-conservadora», sostiene Timoner.
Está dedicado a «gente que tiene un profundo amor y respeto por la naturaleza y el medioambiente, pero que no se siente identificada con los postulados de Greta Thunberg o con el ecologismo más radical», añade Quiroga.
Aunque hay un ecologismo «libre de ideas políticas», defiende Timoner, la izquierda se «apropia» de él porque lo ve como un «instrumento» para «reorganizar» la economía «de acuerdo con unas ideas anticapitalistas».
Por su parte, Quiroga subraya que el cambio climático «es un problema de ingeniería y de diseño industrial» porque lo que hay que hacer es «reemplazar una tecnología basada en combustibles fósiles por otras que no lo estén».
Así, defienden que el capitalismo y el ecologismo son «el maridaje que mejor funciona para el medioambiente» porque este sistema económico «busca la eficiencia», explica Timoner.
En ese sentido, destaca que economías de mercado como Noruega, el Reino Unido o España «crecen económicamente mientras que las emisiones decrecen».
Para Quiroga, una de las claves para combatir el cambio climático está en «aprovechar mejor los recursos», por ejemplo, mejorando la eficiencia de los vehículos de combustión, que «desaprovechan» el 70% de la energía de la gasolina, aunque, por supuesto, «si tienes un vehículo eléctrico mejor».
«En 2026 tenemos tecnologías que permiten descarbonizar el 80 % de toda la actividad económica humana», continúa Quiroga, que está convencido de que «surgirán tecnologías que solucionarán el 20 % restante».
En cuanto a la necesidad de recursos, sostiene que «no hay un peligro real de que se acaben».
Pese a que coinciden en la descarbonización o en el despliegue de renovables, los autores apuntan que donde pueden tener «diferentes pareceres» con el movimiento ecologista de izquierdas «es en los métodos».
«Un ecologista de izquierda no quiere los coches privados, nosotros queremos que sean eléctricos para que no contaminen», sostiene Timoner.
«Un ecologista de izquierdas piensa que la naturaleza no hay que tocarla», prosigue, «nosotros pensamos que los bosques tienen que ser objeto de cuidado y el hombre tiene que estar involucrado en su gestión».
Quiroga, que apuesta por «incentivos para que la electrificación sea rentable», critica que las políticas climáticas españolas y europeas «imponen costes y restricciones» que han causado «fatiga social y política».
Reprocha las medidas «maximalistas» que quieren conseguir «lo máximo posible lo más rápido posible» en lugar de centrarse en un único objetivo, «porque hacer cinco cosas a la vez es bastante más complicado que hacer solamente una».
Mientras recuerdan que la ONU ha descartado este año «el escenario de mayor terror climático», sostienen que hay una «inercia térmica» que va a provocar un aumento «preocupante» de la temperatura mundial, por lo que la adaptación «es una obligación».
Insisten en que España y Europa por sí solas «no pueden acabar con el calentamiento global», ya que su aportación actual es baja y la subida futura «va a ser más atribuible a los países por desarrollar».
Sobre el negacionismo climático, lo consideran «marginal» y «una cosa más de políticos que de ciudadanos».
«Nadie niega el cambio climático; hay rebeldía contra las medidas maximalistas y extraordinarias de políticas de izquierdas en respuesta al cambio climático. Esa rebeldía sí que existe y es la corriente mayoritaria», concluye Timoner. EFE
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