Cada segundo domingo de mayo, los hogares peruanos se llenan de flores, abrazos y palabras de gratitud en el Día de la Madre. Sin embargo, pocos conocen la historia detrás de esta fecha: un proceso que comenzó en las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cruzó fronteras y terminó consagrado por ley en 1924, durante el gobierno de Augusto B. Leguía. Esta celebración cumple en el Perú más de cien años.
El Día de la Madre en Perú no siempre tuvo carácter oficial. Su consolidación fue el resultado de décadas de iniciativas sociales, influencias internacionales y voluntades que confluyeron en un momento preciso de la historia nacional. Conocer ese recorrido permite entender no solo el valor simbólico de la celebración, sino también su profundo arraigo cultural.

Mucho antes de que existiera una norma que la respaldara, escuelas y parroquias de todo el país ya dedicaban días especiales para rendir tributo a las madres. Docentes, líderes comunales y asociaciones de mujeres organizaban misas, declamaciones y pequeños presentes que, sin calendario fijo, expresaban un reconocimiento espontáneo y colectivo.
En zonas rurales, los homenajes se entretejían con la tradición oral y el reconocimiento de las mujeres como pilares del hogar. La prensa local de inicios del siglo XX comenzó a registrar estas iniciativas, preparando el terreno para lo que vendría. La costumbre ganaba espacio sin necesitar aún un marco normativo.

El impulso internacional fue determinante. En Estados Unidos, Anna Jarvis lideró una campaña para institucionalizar el Día de la Madre que culminó en 1914, cuando el Congreso de ese país declaró oficialmente el segundo domingo de mayo como fecha de celebración. El eco de esa decisión se extendió por América Latina en las décadas siguientes.
En Perú, la influencia no pasó desapercibida. Sectores de la sociedad civil y, especialmente, estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos comenzaron a replicar la costumbre de celebrar a las madres en una fecha común. Esta tendencia coincidió con un momento en que el Estado buscaba fortalecer los valores familiares, lo que aceleró el debate sobre su instauración oficial.
Años después, la propia Jarvis criticaría la excesiva comercialización de la fecha que ella misma ayudó a crear, una paradoja que resuena hasta hoy en cada campaña publicitaria del mes de mayo.

Fue en 1924 cuando la propuesta tomó forma concreta. Un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, reunidos en el centro cultural Ariel, decidió impulsar la instauración de esta celebración en el Perú. La iniciativa ganó respaldo popular y llegó al gobierno de Augusto B. Leguía, quien la formalizó mediante la Resolución Suprema N.º 677, emitida el 12 de abril de 1924.
Así, el segundo domingo de mayo quedó establecido como el Día de la Madre en Perú, replicando el modelo estadounidense. La primera celebración oficial se realizó el 11 de mayo de ese mismo año y fue un evento emotivo y memorable. Los colegios organizaron ceremonias especiales, y uno de los momentos más recordados tuvo lugar en el Parque de la Exposición, donde la filántropa Juana Alarco de Dammert fue homenajeada en un acto encabezado por el rector de San Marcos, Manuel Vicente Villarán. La presencia de niños huérfanos, quienes expresaron su gratitud hacia ella, marcó el tono de una celebración que desde su inicio combinó emoción y compromiso social.
Con el paso del décadas, el Día de la Madre adquirió nuevas formas de expresión. Las radios, luego la televisión y hoy las redes sociales han contribuido a consolidar su relevancia. En 1967, el presidente Fernando Belaúnde Terry otorgó el título de “Madre Campesina 1967” a una mujer de Huancayo, reconociendo el esfuerzo de las madres rurales y ampliando el significado de la celebración más allá de los centros urbanos.
Hoy, la fecha moviliza a millones de familias peruanas y genera uno de los mayores picos de consumo del año. Según la Asociación de Centros Comerciales y de Entretenimiento del Perú (ACCEP), el gasto por el Día de la Madre en 2026 superará los S/ 3.500 millones, cifra que refleja tanto el crecimiento del consumo interno como el peso emocional de la celebración.

La fecha no es exclusiva del Perú ni de América Latina. Cada país la vive a su manera, con fechas y tradiciones propias que reflejan su historia y cultura.
En México, la celebración es fija cada 10 de mayo, independientemente del día de la semana, y las serenatas de madrugada con mariachis son parte de la tradición.
Argentina la celebra el tercer domingo de octubre, con reuniones familiares y comidas especiales.
Colombia y Brasil coinciden con Perú en el segundo domingo de mayo, aunque en Colombia la fecha puede trasladarse cuando coincide con elecciones.

En Europa, España la celebra el primer domingo de mayo con un origen religioso vinculado a la Virgen María.
El Reino Unido mantiene el Mothering Sunday, tres semanas antes de Pascua, con raíces en antiguas tradiciones cristianas.
Alemania y Francia también celebran en mayo, con flores, desayunos familiares y manualidades escolares.
En Asia, Japón destaca por la tradición de regalar claveles rojos como símbolo de amor y gratitud, mientras que Tailandia celebra el 12 de agosto, fecha de cumpleaños de la reina Sirikit, considerada figura materna de la nación.
Egipto fija la celebración el 21 de marzo, coincidiendo con el inicio de la primavera, una fecha que luego adoptaron varios países árabes.

A lo largo de casi un siglo, el Perú ha transformado el Día de la Madre en un símbolo de agradecimiento y memoria viva. Más allá del consumo y las campañas publicitarias, la celebración sigue siendo una oportunidad para reconocer el esfuerzo invisible de millones de mujeres que sostienen a sus familias.
Desde aquel acto en el Parque de la Exposición en 1924 hasta los mensajes que hoy circulan en redes sociales, el mensaje central no ha cambiado: honrar a quienes acompañan, protegen y enseñan desde el primer día de vida.