Las autoridades de Pereira enfrentan una amenaza adicional tras el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó la ciudad hace una semana: la aparición de accesos clandestinos en edificios colapsados, abiertos por personas que estarían buscando cajas fuertes y objetos de valor entre los escombros.
Durante las inspecciones recientes, la Policía encontró una caja fuerte en las cercanías de uno de estos huecos. La emergencia en Pereira obligó a verificar la identidad de quienes ingresan y la veracidad de las alertas sobre sobrevivientes usadas para justificar accesos irregulares.
Los grupos detectados no solo estarían actuando de noche. Algunos de los involucrados se estarían presentando con prendas y equipos similares a los de los rescatistas y voluntarios.
Esta suplantación les estaría permitiendo evadir los controles y justificaría su presencia en áreas restringidas, aduciendo incluso la supuesta localización de sobrevivientes para acceder a puntos específicos.
En respuesta, la Policía ha desplegado unidades del Bloque de Búsqueda y del Grupo de Operaciones Especiales (Goes). Parte de la vigilancia se concentra en la noche, periodo en el que se han detectado intentos de ingreso disfrazados de labores de rescate.
El descubrimiento de estos accesos subterráneos ha obligado a replantear el esquema de seguridad en las zonas afectadas. La fuerza pública ahora reparte sus recursos entre dos tareas principales: custodiar los puntos donde continúan las búsquedas de víctimas y vigilar los establecimientos destruidos para prevenir la entrada de falsos rescatistas.
De acuerdo con la Policía, los huecos y socavones encontrados en sectores como Victoria, Olaya, Corocito y La Libertad señalan una operación organizada. El coronel Óscar Ochoa, comandante de la Policía Metropolitana de Pereira, afirmó que los delincuentes ya tendrían identificados los lugares donde habría dinero en efectivo para ingresar entre los escombros.
“Estas redes de saqueadores, debidamente organizadas, tratan de evadir los controles de seguridad y se presentan con equipos en sitios donde existían locales comerciales, supermercados, bancos, casinos, joyerías, compraventas y venta de celulares”, señaló el comandante.
La emergencia ha cambiado la manera en que se vigilan las áreas acordonadas. Las autoridades no solo deben verificar la identidad de quienes ingresan, sino la veracidad de las alertas sobre sobrevivientes, ya que esta modalidad se ha usado para justificar el acceso irregular a los inmuebles.
Una semana después del terremoto en Colombia, unas 1.200 personas siguen en albergues de Pereira bajo carpas y en medio de la lluvia, mientras la ciudad enfrenta el paso más difícil de la emergencia: convertir la atención inicial en vivienda, medicamentos, seguridad y reubicación para familias que lo perdieron todo.
El balance más reciente deja 108 fallecidos, 584 heridos, 251 desaparecidos y 268 personas rescatadas. La magnitud del impacto alcanza a 54.579 familias afectadas, con 11.627 viviendas destruidas, 47.717 averiadas, 109 edificios colapsados y 5.304 con daños.
La afectación también golpeó la infraestructura pública. De acuerdo con el reporte oficial, 343 instituciones educativas, 45 centros de salud, 137 vías y 18 acueductos registran daños.
En el parque Olaya Herrera, uno de los primeros albergues habilitados en Pereira, permanecen cientos de damnificados que no saben cuándo volverán a tener un lugar seguro para vivir. Muchos pasaron las primeras noches prácticamente a la intemperie y en las últimas horas debieron enfrentar además las lluvias sobre las carpas.
La situación en Olaya Herrera no se limita a la pérdida de las viviendas. Los líderes que acompañan a las familias advirtieron sobre personas con enfermedades de base, pacientes que necesitan medicamentos y casos vinculados con salud mental.
Aunque organizaciones y líderes comunitarios lograron llevar equipos de psicología, médicos y personal pediátrico, esos esfuerzos siguen siendo insuficientes. Ese déficit se vuelve más visible porque el albergue reúne urgencias de distinto tipo al mismo tiempo: atención médica, apoyo psicológico, alimentación, elementos para dormir y protección frente a la lluvia. A eso se suma la necesidad de identificar caso por caso para definir opciones de reubicación.