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Cientos de migrantes levantan chozas improvisadas con cañas, plásticos y cartones en la playa del Trampolín de Ceuta mientras esperan una solución a su situación

Cientos de migrantes levantan chozas improvisadas con cañas, plásticos y cartones en la playa del Trampolín de Ceuta mientras esperan una solución a su situación


Vista de la playa del Trampolín de Ceuta donde se encuentran los migrantes que llegaron a la playa del Tarajal (EFE / Reduan)

La playa del Trampolín de Ceuta ha cambiado de aspecto en apenas unos días. Donde hace una semana se levantaban poco más de una decena de refugios improvisados, ahora se extiende un asentamiento con más de 80 chozas construidas sobre la arena. Alrededor de 1.500 migrantes permanecen en este enclave después de que la presión migratoria registrada desde el pasado 30 de julio dejara al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) sin capacidad para acoger a todos.

Las primeras construcciones aparecieron como una solución de emergencia para quienes se quedaron fuera del centro. Con el paso de los días, sin embargo, el asentamiento ha ido creciendo y ganando una apariencia cada vez más estable. Las chozas se multiplican sobre el arenal, unas junto a otras, y sus ocupantes las van adaptando a una estancia que se prolonga más de lo inicialmente previsto.

No son construcciones complejas. Apenas unas cañas recogidas en los alrededores forman el esqueleto de muchas de ellas. Sobre esa estructura se colocan ramas, hojas, plásticos, telas o cartones para cerrar las paredes y crear un espacio protegido del sol. Algunas tienen capacidad para cuatro o seis personas; otras son mayores y pueden acoger a grupos de hasta quince.

La diferencia entre unas y otras también refleja cómo se ha ido organizando la vida en el asentamiento. Alrededor de las chozas se acumulan bolsas, ropa, recipientes y otros objetos personales. Lo que empezó como un refugio para pasar la noche se ha convertido, para quienes llevan días allí, en un espacio para dormir, descansar, guardar sus pertenencias y esperar.

La evolución del Trampolín permite hacerse una idea de la rapidez con la que ha crecido el asentamiento. El pasado 9 de agosto había alrededor de una veintena de chozas. Una semana después, el número supera las 80. El arenal se ha ido llenando de pequeñas estructuras hasta ofrecer una imagen más cercana a la de un poblado improvisado que a la de una playa utilizada como solución provisional.

El origen está en la entrada masiva de migrantes registrada el pasado 30 de julio y en la presión que esta situación ha ejercido sobre los recursos de acogida de Ceuta. Con el CETI sobresaturado, la playa se convirtió en uno de los espacios donde permanecen quienes no han podido ser alojados en el centro.

La población del asentamiento es diversa. La mayoría de sus residentes son de origen subsahariano y marroquí, aunque también hay ciudadanos yemeníes y, en menor proporción, argelinos y tunecinos. Según las estimaciones de la Policía manejadas en los últimos días, alrededor de 1.500 personas permanecen actualmente en el Trampolín.

La playa ha tenido que incorporar algunos servicios básicos para atender esta concentración de personas. En la zona se han instalado baños, duchas y puntos de agua, además de iluminación y una carpa para proporcionar sombra. Cruz Roja se encarga del reparto diario de alimentos y de la atención sanitaria, mientras los servicios policiales mantienen la vigilancia y el control del entorno.

La precariedad del asentamiento no impide que sus residentes hayan comenzado también a organizar algunas tareas por su cuenta. Un grupo de alrededor de 150 ciudadanos sudaneses se ha implicado voluntariamente en la limpieza de la playa y en la recogida de residuos. Su objetivo es mantener en mejores condiciones el espacio en el que, al menos por ahora, pasan sus días.

La escena resulta especialmente llamativa porque el Trampolín no estaba concebido para funcionar como lugar de residencia. La acumulación de refugios y la instalación progresiva de servicios básicos han transformado en cuestión de días un espacio de playa en un asentamiento que concentra a cientos de personas.

En medio de este paisaje, alrededor de 200 migrantes protagonizaron este domingo una concentración espontánea para reclamar su derecho de asilo. La protesta se desarrolló entre las propias construcciones, sin una convocatoria oficial, y estuvo marcada por los gritos de “asilo” y por los carteles que algunos participantes mostraron durante la concentración. También exhibieron algunas banderas de España. Los mensajes reivindicativos fueron elaborados por varios de los propios migrantes y, según testigos presenciales consultados por EFE, algunas ONG y colectivos que prestan asistencia habitualmente en el asentamiento ayudaron a varios de ellos a preparar y escribir los carteles, además de animar la protesta.

La concentración sirvió para poner el foco en la situación de quienes permanecen en la playa mientras esperan conocer cuál será su futuro, en un asentamiento que, con el paso de los días, ha ido adquiriendo una dinámica propia. Los voluntarios sudaneses que colaboran en la limpieza, la asistencia de Cruz Roja, los servicios de higiene y agua y la vigilancia policial forman parte ya de la rutina de un enclave que nació como una solución de emergencia ante la falta de espacio en el CETI.





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