La última encuesta de CB Global Data sobre el interior de la provincia de Buenos Aires deja en claro que no hay una tendencia homogénea, sino realidades muy distintas según la sección electoral. Mientras en algunas zonas aparecen intendentes con diferenciales de imagen muy altos y un capital político consolidado, en otras secciones predominan los números negativos, el desgaste y, sobre todo, un nivel de desconocimiento que sigue siendo alarmante.
Más allá de los diferenciales de imagen, la encuesta deja un dato estructural que atraviesa a toda la provincia, el desconocimiento de los intendentes sigue siendo altísimo. En la segunda sección, Iván Villagrán, de Carmen de Areco, alcanza un 90,6% de respuestas Ns/Nc. En la cuarta, Luis Ignacio Pugnaloni, de Hipólito Yrigoyen, llega al 83,9%. En la quinta, Carlos Rocha, de General Guido, registra 96,4%, y en la sexta, Francisco Etchepare, de Daireaux, marca 94,5%.
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Este dato es el más preocupante del estudio. 9 de cada 10 vecinos no pueden opinar sobre su propio intendente. En ese sentido, la oportunidad disponible es enorme: quien decida invertir en visibilidad y comunicación en el municipio tendrá la capacidad de capitalizar un espacio vacío clave.

En muchos distritos del interior bonaerense, la discusión no pasa todavía por si el intendente gusta o no, sino por si la gente directamente lo conoce. En una provincia con enorme peso territorial y realidades muy distintas entre sí, eso habla de una representación política fragmentada y de una comunicación que, en demasiados casos, no alcanza.
Secciones con liderazgos fuertes
La cuarta sección electoral aparece como la más contundente en términos de imagen positiva. Juan Alberto Martínez, representante del radicalismo en Rivadavia, encabeza con un diferencial de +19,5%, seguido por Darío Golía, de Chacabuco, con +17,4%, y Gilberto Alegre, de General Villegas, con +16,8%, ambos dirigentes de corte peronista. Sus números son muy altos, incluso para parámetros del interior bonaerense, y marcan la existencia de intendentes que no solo gobiernan con aprobación, sino que además lograron instalar una percepción sólida de buena gestión.

Algo parecido, aunque con menos intensidad, se observa en la séptima sección, donde Gustavo Cocconi, de Tapalqué, registra +19,0%; el representante de Bolívar, Eduardo “Bali” Bucca, +18,8%; y Maximiliano Wesner, intendente de Olavarría, +18,0%. Ese tridente peronista confirma que en algunos distritos del interior todavía hay liderazgos locales con fuerte respaldo y capacidad de ordenamiento político. En ese sentido, parecen haber convertido la gestión municipal en capital político real.
La quinta sección también muestra un núcleo de dirigentes bien posicionados. Pablo Barrena Lobera, Miguel Gargaglione y Miguel Lunghi se ubican al tope del ranking con diferenciales de +18,8%, +17,9% y +15,5%, respectivamente. La coincidencia entre secciones es evidente: donde el intendente logra ser visible, resolver problemas concretos y sostener una presencia territorial, la evaluación mejora de manera significativa. En este caso se trata de un representante vecinalista, junto con otros que encarnan al radicalismo provincial.
Secciones con más desgaste
En el otro extremo, la segunda y la sexta sección concentran varios de los casos más delicados. En la segunda, Mauro Poletti, de Ramallo, aparece con -13,1%, seguido por el intendente de Baradero, Esteban Sanzio, con -6,2%, y Cecilio Salazar, de San Pedro, con -4,6%. Además, un dato clave es que Salazar ya venía de tener -9,8% en abril de 2025, el peor registro de toda la provincia, lo que indica que el peronismo en el interior norte lleva meses perdiendo terreno electoral de forma acumulativa.

En la sexta, Ricardo Moccero, de Coronel Suárez, marca -11,9%; Julio Marini, de Benito Juárez, -10,4%; y Estefanía Bordoni, de Tornquist, -8,2%, siendo la única representante del PRO entre estos dirigentes.
La cuarta sección, pese a tener a sus mejores intendentes muy arriba, también exhibe un piso muy bajo. La intendenta de 9 de Julio, María José Gentile, figura con -14,8%; Pablo Javier Zurro, de Pehuajó, con -13,7%; y Francisco Recoulat, de Trenque Lauquen, con -9,8%. Esto sugiere una zona políticamente más polarizada, donde conviven gestiones muy valorizadas con otras fuertemente cuestionadas. No hay equilibrio: hay territorios donde la política local está muy bien evaluada y otros donde el desgaste ya es estructural.
En cambio, la quinta sección aparece algo más moderada en sus peores registros. En orden ascendente, Agustín Neme, de General Pueyrredón, se ubica en el último puesto del ranking de su sección, pero su diferencial queda en -6,3%. Lo siguen Juan Ibarguren, de Pinamar, con -5,7%, y Juan Manuel Álvarez, de General Paz, con -4,6%. Es una caída menos abrupta que la observada en otras secciones, aunque sigue siendo suficiente para mostrar que incluso en distritos importantes la imagen de algunos intendentes no logra despegar.

Qué dice la PBA en general
La foto general de la provincia es la de un interior bonaerense con liderazgos muy locales, muy personalizados y muy desparejos. No hay una ola uniforme a favor ni en contra de una fuerza política, sino una suma de evaluaciones territoriales que dependen mucho de la gestión concreta, del nivel de exposición pública y de la relación cotidiana con los vecinos.
La conclusión más sólida es que en el interior de la provincia de Buenos Aires los partidos importan, pero no determinan todo. Hoy la competencia parece estar más ordenada por liderazgos locales, rendimiento de gestión y nivel de exposición pública que por una adhesión partidaria pura. En esa clave, la UCR y los vecinalismos parecen tener un mejor rendimiento relativo en varios distritos, mientras que el peronismo conserva volumen territorial, aunque con fuerte heterogeneidad.
Si se observan los nombres del ranking junto con la pertenencia política, el radicalismo y los vecinalismos aparecen relativamente mejor plantados en varios distritos del interior, sobre todo donde gobiernan intendentes con buena evaluación y baja confrontación nacional.
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En la cuarta sección, por ejemplo, aparecen bien posicionados intendentes ligados a la UCR y a espacios locales, mientras que en la quinta y la séptima también hay casos de dirigentes muy bien valorados que no dependen tanto de una gran marca nacional. Eso sugiere que en el interior bonaerense todavía existe un premio por la gestión local más que por la identidad partidaria dura.
En varios distritos, los nombres mejor conocidos de Unión por la Patria o del peronismo aparecen con diferenciales negativos o en desgaste, como ocurre con Mauro Poletti, Pablo Zurro, Cecilio Salazar o Ricardo Moccero en las secciones segunda, cuarta y sexta. Eso no significa que “el peronismo está perdido” en toda la provincia, pero sí que en buena parte del interior sufre una tensión entre tradición territorial y evaluación de gestión. Cuando el intendente está bien, la marca acompaña, pero cuando el intendente está mal, la marca no alcanza para blindarlo.
La encuesta fue realizada entre el 13 y el 18 de mayo, mediante el método CB CAWI Research (Online), sobre una muestra total de 3268 casos (promedio de 629 a 707 casos por sección electoral) de personas mayores de 16 años. El error muestral es de +/- 3,9%.
RG